jueves, 12 de agosto de 2021

La Industria heroica

 Me contaba hace unos días el director de producción de una empresa de la zona los apuros que estaban pasando por un incendio que habían sufrido en la zona de almacenamiento y logística de su planta. Por suerte para esta empresa, la zona de producción no se vio afectada, pero el metabolismo de la planta sí que sufrió al ver modificadas de manera drástica las entradas, salidas y almacenamiento. 


"Nunca había mirado tantas veces la aplicación del tiempo en el móvil", me comentaba este hombre. En un esfuerzo para poder seguir suministrando a sus clientes a tiempo -y de evitar tener que revisar las cláusulas de incumplimiento de sus contratos, que suelen ser poco amables- la empresa organizó una zona de almacenamiento, entrada y salida de material al aire libre, mientras se procedía a la reconstrucción de las zonas dañadas por el incendio. Un esfuerzo importante, que acabó bien gracias a la implicación de todas las personas de la empresa.


Hacía tiempo que no me encontraba con una de estas historias heroicas en el entorno industrial. Las que recuerdo con más cariño son las que me contaba sobre sus inicios un industrial alavés hecho a sí mismo, que, en sus inicios, hacía tratamiento térmico para reducir tensiones en una sartén, y que enviaba cada día sus componentes a un cliente de Burgos entregando un paquete al chófer del coche de línea que hacía a primera hora la ruta Vitoria-Burgos. También tuvo su toque heroico la historia de los inicios de una empresa madrileña, en el domicilio del fundador, cuando tuvieron que hacer un agujero en la pared de la habitación donde tenían su primer máquina, un torno, para poder alimentarla con barra. Yo mismo viví en mis inicios industriales la experiencia de una fábrica -una fundición- sin paredes, en Colombia, que podía parecer precaria, pero era eminentemente práctica.

Son situaciones que a cualquier auditor de la ISO 9000 le pondrían los pelos de punta, pero son muestra del instinto de supervivencia, del ingenio y las ansias de crecimiento, características muy positivas para un tejido industrial que desee pervivir y crecer.

lunes, 14 de junio de 2021

A la victoria por la resistencia

Parece que vamos viendo la luz al final del túnel, lo cual es una buena noticia aun cuando coincida con el precio de la luz tan alto. Esta coincidencia es toda una metáfora sobre la situación económica actual. La vacunación a velocidad de crucero y el levantamiento de las restricciones que afectaban a determinados sectores y que limitaban el movimiento están devolviendo al juego alguna de las reglas anteriores a marzo de 2020, a un coste realmente elevado.

Para buena parte de los sectores industriales, está siendo un año y pico de, básicamente, aguantar. Es una competición de resistencia, ya que de esta crisis se va a salir, como se sale de todas, y es probable que la salida sea explosiva, lo cual nos puede llevar en unos meses a una situación de cierto agobio, en la que a la falta de algunos productos semielaborados se le pueda añadir una carencia de medios para dar respuesta a un incremento de demanda rápido. Por ello, todos los esfuerzos que se están realizando para mantener vivo, aunque sea en estado latente, el máximo de tejido industrial, son loables y muestran que se está teniendo, quizás de manera involuntaria, una visión de futuro que no se tuvo en crisis anteriores.

En lo que me es más cercano, estoy viendo empresas que realizan inversiones en nuevos medios productivos, un trabajo importante de preparación para la apertura a nuevos mercados por parte de un buen número de empresas industriales, y un incremento notable de la demanda para la participación en ferias y eventos presenciales para el segundo semestre del año. 

Nunca antes había tenido una lista de participantes tan numerosa para la feria Subcontratación de Bilbao, por ejemplo, con nuevos sectores presentes. Esto puede verse como un síntoma de búsqueda de mercado a la desesperada. Aunque así fuese, sería una muestra de lucha por la supervivencia, de esa resistencia que está mostrando el sector a que la pandemia del siglo se lleve por delante capital, ilusiones, saber hacer, capacidad de innovación, voluntad de crecimiento... todo aquello que caracteriza nuestra industria y que ningún virus va a tener fácil mandar a la tumba. En este juego, el que resiste, gana, y lo vamos a ganar.

lunes, 24 de mayo de 2021

Ciberseguridad: Contra la amenaza omnipresente

Las primeras veces que oí hablar de ciberseguridad me pasó lo que con otras de estas grandes palabras a lo largo de mi vida profesional. Vi en ella a charlatanes repitiéndola como papagayos de manera machacona, con cara de dominadores del tema, en los lugares adecuados, en los que el conocimiento de este y otros temas son más bien limitados, pero en los que la bolsa presupuestaria suele estar bien dotada y presta para financiar humo -y los bolsillos de estos charlatanes-, un humo que permitiese hablar al político de turno sobre lo que estaba haciendo por el desarrollo de ese concepto tan nuevo pero que tan necesario va a ser tener en cuenta en la vida de todos.

Cuando he ido profundizando en las diversas ramificaciones del concepto de ciberseguridad no he dejado de escuchar charlatanes, pero ese ruido no ha conseguido tapar la visión de la lucha para intentar solucionar un problema global: la vulnerabilidad que nuestro mundo, basado cada vez más en procesadores y comunicaciones entre éstos, presenta ante quienes saben cómo utilizar esos elementos para fines ajenos a aquellos para los que estaban previstos. 

Es una vulnerabilidad global, a la que estamos expuestos por decenas de puntos en los que usamos de manera habitual la tecnología para ayudarnos. Y es un sector de actividad creciente, en el que empresas, a menudo muy pequeñas, intentan ofrecer soluciones a problemas localizados, en lo que se ha convertido en una auténtica guerra de guerrillas contra "el Mal polifacético", que lo mismo secuestra los ordenadores de una corporación que nos infecta el móvil o el portátil, o nos roba la clave con la que se comunica la llave de nuestro auto con la cerradura del mismo cuando pulsamos el botón correspondiente.

A nivel industrial, las vulnerabilidades están omnipresentes. Me comentaba un especialista en ciberseguridad en entornos de robots industriales que buena parte de los robots en el mercado presentan deficiencias de seguridad que podría permitir el acceso a los mismos por parte de los malos. Hay todavía una pléyade de PLC viejunos en los talleres, conectados a las redes de su instalación industrial, que presentan el doble problema de que nadie en la empresa sabría programarlos hoy en día -¡cuánto conocimiento perdido con cada jubilación-  y de no estar en las mejores condiciones para defenderse de intrusiones.

La presencia cada vez mayor de sensores inteligentes en maquinaria e instalaciones con otro punto de riesgo, incluso sistémico. Ya se ha dado el caso de que centenares de miles de estos juguetitos, indispensable para la IIoT, han sido enajenados y utilizados para lanzar ataques contra servidores de empresas importantes, causando el colapso de éstos durante un tiempo y paralizando la actividad de las empresas objetivo del ataque. Paradojas de la Historia, lo que intentaron durante la segunda mitad del pasado siglo los  gobiernos del Este movilizando a los operadores humanos de los medios de producción de los países occidentales lo están intentando ahora los hackers informáticos, la mayoría también del Este, movilizando digitalmente los sensores inteligentes de las máquinas.

Estamos ante un problema que tiene pinta de haber llegado para quedarse, y que va a generar, más allá de la charlatanería, un sector económico importante que va a competir por ofrecer soluciones a ciudadanos, administraciones, empresas e Industria. Toca ser cuidadosos.

martes, 11 de mayo de 2021

Coopertición: crecimiento invisible

 Esta semana he tenido la suerte, una vez más, de participar como entrenador de un equipo de jóvenes de 13 a 16 años, en la First Lego League, competición técnico-científica en la que participan, en diversas fases, cientos de miles de jóvenes de cerca un centenar de países. Esta competición valora tanto el trabajo científico como la destreza mecánica y de programación de robots de los participantes, y presta especial atención a una serie de valores con los que esta actividad quiere familiarizar a los espíritus en formación.

Uno de estos valores es la "Coopertición", neologismo sintético, cruce de "Cooperación" y de "Competición". Básicamente, se trata de que los participantes de diversos equipos que compiten entre sí por ganar la competición, sin que eso les impida cooperar para lograr beneficio mutuo. Otra forma de denominar esta actitud es "Gracious Professionalism", que no sabría cómo traducir, pero que creo que se entiende bien lo que quiere decir.

He conocido varios casos de coopertición entre empresas. Hace años recuerdo haber visto en una planta de fabricación de pilas cómo las máquinas hacían pilas salinas de diversas marcas, competidoras en el mercado. Las pilas alcalinas de la marca del fabricante que estaba visitando se realizaban en una planta de la competencia. A ambos les salía a cuenta el acuerdo. Conozco también un grupo de cuatro empresas que compiten a cara de perro en ofertas hasta determinado importe, y que unen fuerzas cuando se trata de ofertas a partir de determinado valor. Competidores ceden datos del uso de determinados equipamientos al fabricante de estos, lo que permite obtener ventajas a todos en aspectos relacionados con el mantenimiento predictivo.

La aplicación de la coopertición entre las pymes industriales es una forma de conseguir un crecimiento invisible pero real, y son bastantes los campos en que empresas competidoras pueden cooperar para provecho mutuo. Merece la pena intentarlo.

viernes, 26 de marzo de 2021

El Aquiles de los Mil Talones

Estamos viviendo tiempos en los que está quedando cada vez más en evidencia la fragilidad de Europa, basada en debilidades que nacen de la desindustrialización. Lo último está siendo el desastre que está provocando el atasco en el canal de Suez tras encallar un barco cargado hasta arriba de contenedores. 

 Foto de Dan Kb en Unsplash

Está por ver el daño a la actividad industrial que va a producir el corte de suministro durante semanas que acarrea este incidente, que trae de donde hay fábricas productos que aquí cada vez hacemos menos y componentes que se necesitan para que la industria que tenemos pueda seguir funcionando. Lo que ya estamos sufriendo son los efectos de la falta de semiconductores, que están causando cuellos de botella en industrias como la del automóvil, tan importante para nosotros.

El mercado no se nos da muy bien cuando queremos comprar lo que fabrican otros, que también lo necesitan, como pasa con los chips, pero no parece irnos mejor a los europeos cuando fabricamos pero otros negocian mejor o más rápido que nosotros en el mercado, como está pasando con las vacunas del Covid. Desindustrialización y burocracia son mala mezcla. Ya la pandemia nos había dado un toque de atención importante cuando nos encontramos, al principio, sin respiradores, mascarillas... que se fabricaban mayormente fuera de Europa.

Foto de Christian Wiediger en Unsplash

Son baños de realidad, que nos indican una y otra vez que esa idea, tan extendida entre nuestra gente, del "que fabriquen ellos", el "que inventen ellos" del Siglo XXI, es un billete de ida hacia la irrelevancia.  

Esta Europa que mira por encima del hombro al resto del mundo, con un complejo de superioridad decimonónico, es un Aquiles con mil talones, muchos de ellos de carácter industrial. La reindustrialización se muestra cada vez más claramente como único camino para la supervivencia europea.

viernes, 19 de marzo de 2021

La nube que fabrica

Conozco gente del mundo académico que son fanáticos de la Nube. Para estos especialistas, la nube es un concepto fundamental para el futuro industrial. Hablan de una nube coral, de un cielo encapotado en el que todo es nube. Es la nube que recoge datos de diversos orígenes y nos permite su explotación para mejorar nuestros procesos y productos, personalizándolos o convirtiéndolos en servicios. 


Es también la nube de conocimiento, integrada por personas y máquinas que interactúan haciendo fluir la información y contribuyendo a la creación de conocimiento. Es, por último, la nube de fabricación, donde puede encargarse la fabricación de componentes, que nos son suministrados sin que sepamos muy bien cómo y dónde se hacen, de la misma forma que no sabemos dónde se encuentran exactamente almacenados los datos que subimos a la nube.

Esta última parte, el cloud manufacturing, es el concepto que más le cuesta entender a mi mollera formada en el Siglo XX, donde el control sobre lo que uno fabrica, sea en casa o subcontratado, es vital. Hace unos días entré en contacto por primera vez con una de esas nubes de fabricación, la que propone la firma francesa BeElse. La nube de esta empresa recibe los planos de las piezas que quieren realizar sus clientes y deposita las piezas acabas en la ubicación que el cliente desee: en su propio taller, en el de otra empresa que necesite esa pieza como recambio... en medio, en la nube, un grupo de empresas con impresoras 3D, que producen la pieza con las condiciones que el cliente desea.

Por supuesto, esta nube tiene sus limitaciones No sirve para fabricar cinco mil culatas de un motor de seis cilindros. Está pensada para series cortas o pieza unitaria, que sea posible crear por fabricación aditiva (¿qué no lo es hoy en día ya?). Es ideal para fabricar prototipos, o para fabricar componentes personalizados.


Con algunas reservas -¿qué pasa con la trazabilidad, por ejemplo?- es una opción que tiene su sitio en el mercado. De hecho, la empresa lleva varios años funcionando y creciendo. Y lo mismo que la nube de datos permite a prácticamente cualquiera disponer del espacio de almacenamiento que desee sin necesidad de tener una pila de discos duros, sistemas de copia de seguridad, consumo eléctrico... esta nube permite prácticamente a cualquiera que pueda pagarlo acceder a la fabricación de componentes sin necesidad de tener maquinaria, nave industrial, etc. Además de la Industria del Futuro, estamos hablando de la Industria para todos.

jueves, 11 de marzo de 2021

Una puerta que se abre al Espacio

No conozco mucho sobre la industria espacial. Por eso me ha resultado muy interesante la participación en la edición de este año, virtual, de la Paris Space Week, encuentros B2B con empresas protagonistas del sector.


Entre las cosas que he aprendido me ha parecido interesante la evolución del sector del mundo del prototipo o serie muy corta al universo de la serie media. Me decía el comprador de una de las empresas que está involucrada en proyectos de lanzamiento y explotación de pequeñas constelaciones de satélites que están trabajando con la idea de tener 170 pequeños satélites en órbita para telecomunicaciones. "Antes los satélites eran productos únicos, ahora necesitamos todo multiplicado por 170".

Esta realidad abre las puertas del sector a un abanico mayor de proveedores. No todos los fabricantes de prototipos o series cortas se sienten cómodos, o son competitivos, cuando las cantidades requeridas pasar a ser de cientos. 

Foto ESA
Foto ESA

La Agencia Espacial Europa ofrece algunas pistas para acceder a trabajar en el sector. A través de su plataforma de formación online organiza webminars sobre cómo hacer negocios con ellos. Esta misma agencia está desarrollando módulos para facilitar la cooperación con empresas, incluidas las pymes.

Resulta gratificante conocer nuevos campos de oportunidad para la industria. Es verdad que las exigencias son altas -"en un satélite no se puede ir a reparar un componente si resulta defectuoso"- pero la oportunidad de diversificación está ahí.